Quietud creativa

Al pasar de ser meros integrantes de la apariencia (pasivamente movidos por la fenomenología que los pensamientos imaginan protagonizar) y al asentarnos en la quietud como veedores del Todo en todas las cosas, unificadores de la realidad, sin duda alguna hemos llegado a la Fuente, en la que el veedor es lo visto, donde ya no queda nada que no sea Él y donde todo, sin excepción, forma parte de su ser: siempre completo, autosuficiente. Entonces un ser gozoso aparece, despierto en la quietud -sin esfuerzo alguno- de su conciencia plena, creativamente espontánea y natural.

La fuente del ser es pura, silente y armoniosa. De ella nace todo. El “yo real” no es movido por ilusión alguna, es siempre completo y no necesita de más. Es ser-conciencia-felicidad en todo momento, porque vive integrado con la totalidad. En su silencio experimenta el ser, se da cuenta del mismo, es continua presencia de sí gozando de su esencialidad. Y ese silencio dichoso es el amor mismo: el “yo real”.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Saludos:
Este inmenso salto, del dolor al egoísmo, de la iqnuietud a la pérdida de la conciencia real...nace de la fuente del Buda.

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