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El amor

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El amor es la presencia, es la nítida certeza de ser, es el abrazo con un no tiempo esencial, con un silencio no tocado por nada. El amor abraza la eternidad, saborea la unidad, siente el tacto de la verdad y del instante mágico de la conciencia. El amor se escucha como una intuición, como una certeza, como una sensación de ser, como una absoluta sensación de Dios. El amor se presiente y se presencia, late y toca al alma, al cuerpo, a todos los órganos y estados del cuerpo, a todas las células y espacios interiores. Vibra como una cascada, palpita un aroma de flor paradisíaca, sacia toda sed en manantiales sagrados.  El amor contiene todo el cosmos en un solo corazón y a todos los corazones en un solo cosmos de unidad. El amor se enamora del silencio, del alma idéntica a su misma esencia, de un compartir que no necesita nombres, ni causas, ni explicaciones. El amor es innegable, es el poder del que todo emana, es el aliento que nos anima, es la exhalación que nos descansa. Es,

La medida del amor

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La verdad espiritual realizada en ti es la medida de tu amor. Si la realización es absoluta, ilimitada, eterna..., la medida de tu amor será absoluta, ilimitada, eterna... Tú ya eres esa realización, está presente en tu Ser.

Conciencia universal

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Búscame en las fuentes doradas y en las grandes puertas que llevan al cielo. Búscame en los manantiales cristalinos de agua y en el reflejo de unos ojos puros. Búscame allí afuera, dondequiera que mires, pero no olvides que estoy dentro, que me ves siempre desde dentro tuyo. Que eres tú mismo lo que ves. El final de la búsqueda es el eterno encuentro. Siempre hemos sido lo mismo: el mismo cielo, el mismo mar, el mismo silencio… Siempre hemos contemplado el mismo infinito al mirarnos, la luz revelada del alma, el amor sin espejismo. Una vez el silencio nos dejó sin palabras, el mundo se hizo mudo y se reveló la verdad como un continente de luz enamorada. Y en ese silencio hablaron las almas: Ven, te dije, regresemos a la luz. Ven, como el viento, directo al sentir del tacto consciente, directo al contacto del ser hallado. Y la luz nos tocó difuminando nuestras almas en un solo brillo, en un solo esplendor, en un solo corazón.

El país de las lágrimas

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En "El principito", el libro de Exupéry, leemos una frase llena de realidad, que forma parte de la vida: "Es tan misterioso el país de las lágrimas..." El dolor tiene lugar en nosotros y nos desvela un trasfondo de amor, de sentimientos. Todo sentir se enraíza con la vida, intensifica la vida, la hace real, a veces, insoportablemente real. El país de las lágrimas, sin embargo, no es una región oscura, sino necesaria, vital. El dolor nos hace humanos, frágiles, susceptibles, nos muestra que no somos inmunes, y que la vida, como el sol más radiante y poderoso, también puede quemar. El dolor es una experiencia del cuerpo y también lo es del alma, como tal experiencia no se puede negar y está ahí para ser vivida. En realidad no hacemos otra cosa más que dejar que las cosas sucedan, somos espectadores de una obra que se desarrolla en nuestra sangre, huesos y células y no podemos desechar ninguna parte de la obra, porque todo forma parte de ella. Si borramos d

Yoga

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En el yoga se busca sentir el ser. Cuando lo das todo en el yoga, cuando no pides de él sino que lo das todo por él, el yoga es la unión, es la evidencia de tu ser. Entonces ni siquiera buscas sentir tu ser, porque ya lo has dado. Y dándolo todo de nuevo, vuelves a él.

Nadie había

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‎Me pregunto: ¿quién soy?... y el silencio responde. Alguien hizo una pregunta, y nadie había para responderla.

Sanar

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Más allá del dolor, incluso del placer, se halla la dicha del ser, el cuerpo de la unidad consciente, la ofrenda sensible del alma a la vida verdadera, la que reposa en la infinitud de una realidad sin división.  Sanar no es otra cosa que una comunión sagrada con la salud, con la verdad natural de uno. La verdad que en uno es ser, el despertar del aliento de vida reconociendo su fluir espontáneo, la respiración profunda de un ser que se revela marea oceánica y quietud, inspiración de fuego y exhalación de luz silente; un ser que lo es todo y se mueve con todo, pero inamovible en su verdad de permanencia: el amor.  Sanar es ser uno en el amor, ser uno en lo reconocible sin duda, en la certeza enamorada de la presencia consciente de una imperturbable realidad que baña completamente, todos los instantes, de paz y eternidad.

Escuchando el silencio

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Lo complicado es de la mente y tú no eres la mente, tu eres el ser y el ser es sencillo. El silencio es bello porque permites que hable lo más profundo de ti: tu ser, tu corazón. Escúchalo con amor, en silencio. El ser es sencillo. Recuérdalo y guarda silencio. Escúchalo. Escúchalo como testigo, sin tratar de emitir juicios, sin expectativas. Observa sin observador, sin intervenir. Esa es la esencia del verdadero silencio, el que es escuchado sólo por amor, entregando esa escucha, sin pedir nada a cambio. Sé un oyente de tu amor, de tu silencio, de tu corazón resonando en la luz del ser, amaneciendo a su verdadera esencia.

Horizonte

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Hay un horizonte en mi silencio de estrellas pacíficas y eternas. Hay un camino donde mis pasos se hacen huella sin memoria, rastro que el aire se lleva en el hondo sentir del instante. Mi corazón es la estrella más alta y genuina, es el centro sin centro de donde todo nace, la luz que jamás se esconde y que palpita en el ser oleadas de amor brillante. Nadie sabe si este romance ardiente con el ser es el amor de uno mismo por el todo o el amor del todo hacia uno mismo. Nadie sabe y no importa quién es el amante o el amado, quién sueña o quién es el soñado... No importa si hay dos cuando sólo son uno en el instante único, en el instante real del canto, de la música pura que siempre sonó en el alma... Y poco a poco descubres que es perenne la dicha, que es inocente la gracia, la gracia de ser. Que es no-nacido, cristalino y virgen, el tiempo sin tiempo en que te ves, por vez primera, en cada mirada, en cada encuentro contigo. Mirarte y descubrir que

Siempre contigo

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Allí donde hay guerra yo llevo la paz,  allí donde hay ruido hago desprenderse el silencio como pétalos de rosa cayendo del cielo. Allí donde el tumulto reina y todo lo oscurece se posa mi luz serena en la claridad de un nuevo día. Allí donde hay dolor lanzo semillas de compasión que crecen en lo profundo y hacen sonreír al alma, elevándola. Allí donde la memoria no permite florecer lo presente me acerco con un abrazo de inocencia, con un manantial fresco de pureza renovada, con una caricia de aliento y vida nueva. Allí donde la angustia aprisiona me acerco con sigilo y abro las puertas de la jaula que impiden al pájaro volar. Y descubres que eres libre y vuelas sin fin, sin pasado y sin futuro, sólo por el placer de volar, de sentir el aire, de oler los prados y bosques de tu alma de cielo, en la inmensidad de tu océano profundo de libertad. Allí donde crees que estás solo, me encuentras ahora, donde siempre he estado, de donde nunca me he ido. Vivo en ti, descan

Certeza

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Aquí y ahora, en la presente inmensidad de mí mismo. Sin centro ni meta cierta. Solamente la certeza de la luz.

Al fin

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Al fin vi la transparencia, el gesto exacto, la mirada primera. Al fin toqué el tacto preciso de la luz. Las estrellas eran dentro, el sol, los instantes... Dentro de un vacío de noche eterna. Al fin toqué la noche del amor, el misterio que daba lugar al amanecer de mis ojos. La cama estaba vacía, llena de inmensidades sin forma, llena de prefijos y arcanos de cuerpos inacabados susurrando un comienzo. Al fin sentí tu tacto, tu caricia, tu vendaval infinito de amor. Al fin sentí tu noche en mi día sin hacerse, en mi hueco preparado para el milagro. Y entraste, me amaneciste con un suspiro, con un abrazo de océano y de cielo sin confines, y el corazón se postró silencioso y la ausencia se tornó privilegio de tu llegada, dicha regalada para nadie. Y al fin, vacío de mí, pude contenerte...

Testigo en la impermanencia

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La meditación me acompaña en todo momento, impregnando mi ser en cada acción y sentimiento. Es bello el ser consciente, el asentarse en la presencia de testigo, viendo cómo vienen y van las olas de la vida, aceptando y fluyendo con los movimientos, abierto y receptivo a esas vibraciones del momento presente, que nos desvelan la vida y sus misterios, misterios que siguen siendo eso, misterios... y esto es precisamente lo que no deja de alumbrar la sorpresa de los instantes, el amor que los contiene. Aparece esa compasión fruto de caminar en la impermanencia, al quedarse desnudo ante lo que sucede, lo que es único en este instante y eterno por ello. Sin pasado ni futuro, inocente. Llega a mí la reflexión acerca de la inocencia y de su cualidad más esencial: su liviandad. No soporta ningún peso, camina cristalina, en la incertidumbre confiada del ser que la va animando. Y vamos dejando que la vida nos lleve... como testigos, como ojos que siguen una luz fuera que se corres

Aire de silencio

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Llueve aire de silencio.  La piel de mi espíritu se humedece al respirar la fresca quietud de lo eterno. Camino hacia dentro. Un océano de dicha se va abriendo a mi paso.

Solamente ser

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En la comprensión no-dual no hay ya nada que saber o que obtener. Es la vivencia misma la prueba de lo que uno es. Ni siquiera es necesaria la constatación. Solamente ser. ¡Qué gran misterio y cuánto amor sale de él, de este no saber, de este sólo ser!

Dios mora en Ti

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La luz del sentido de la consciencia brilla en la permanente presencia del todo. Permanencia de verdad y amor en el corazón de la quietud silenciosa del ser. Lo que amo es al amor que lo envuelve todo, que me envuelve. Su luz da sentido, ilumina, depura… Devuelve al ser a su inocente madurez de eternidad, a la raíz que nunca dejó. Su luz da sentido a las formas desde el espíritu que las anima: el espíritu que las llena de alma y se enciende de claridad, de compasión y de ternura. Dios mora en Ti, no demores su encuentro, no demores el encuentro amoroso, el encuentro contigo. Enamórate del amor, débete a él... y todo te será pagado, en este mismo instante, con la infinita riqueza de la eternidad.

El Todo Uno

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Millones de 'yoes' como millones de estrellas, millones de historias y de instantes posibles y reales en cada uno de los 'yoes', millones de sensaciones en cada historia y en cada instante... instantes hechos de 'ahoras', de tiempos sin tiempo, de partículas vacías mostrando milagrosas formas en la Creación... Y una sola conciencia, una conciencia universal... conciencia de amor en la absoluta unidad del ser. Unidad sentida, vislumbrada, tocada por el propio Uno del Corazón. Somos el Todo, el Todo uno e infinito que siempre es.

El universo existe por la luz del amor

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Todo cuanto hay aquí, en esta existencia, en esta realidad, forma parte de un mismo ser, es un mismo ser. El ser que ves, que sientes, que respiras, supone una misma esencia sin dentro ni fuera, sin tú ni yo, siendo solamente Uno. Esta conciencia de unidad permite la entrada al portal de la casa de Dios, a nuestro hogar. El hogar de la vida es la vida misma siendo, el hogar de la conciencia es verse en su ser… Este verse, este ser consciente de ti, significa habitar el paraíso supremo.  Tú eres la luz que vive más allá de las formas y de los nombres, tú eres la luz que es causa de todos los nombres y formas. La causa de todo cuanto existe es el amor, la razón de esta manifestación es el resultado de un querer manifestarse, de una voluntad de existencia: y esta voluntad sólo puede ser originada por una única energía, esa energía que lo mueve todo y que llamamos amor. El alma es el amor viviendo en los seres… El amor de Dios, a través de su voluntad natural, da luz a la creaci

Amor pleno

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Dulce es vivir en ese amor pleno que resulta idéntico al silencio... pues no juzga, es callado y vacío, lo acepta y contiene todo... es siempre inocente y sin límites, simple y puro... Esa es mi esencia, esa conciencia universal amorosa que trasciende mi cuerpo y se parece acaso al universo o a los millones de universos, a las estrellas, al milagro del éter y del infinito. Dijo Rumi: "Cuando muera volaré con los ángeles, y cuando muera para los ángeles, lo que seré no lo podéis imaginar". Eso que es mi ser, por tanto, no se podrá nunca delimitar ni concebir. Y esto es lo bello, pues nos deja la posibilidad, la potencia total suspendida en el equilibrio de la luz abierta.

Krishna

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Soy el ser que siempre ha sido, la luz del mundo, el silencio creador... Soy el cielo amplio, sin fin, que todo lo contiene, la gota y el océano, la voz y todos los cantos... El origen, el destello de los comienzos, los astros infinitos poblando el silencio, los espacios y los mundos del espíritu... Soy el no-fin de los instantes, el principio incesante, la potencia de los cuerpos amantes, de los cuerpos nacientes, de los cuerpos completos... Incapaz de contenerme me expando hacia la nada y regreso al todo. Nada me limita, el amor crece y vuela y sueña amaneceres, abrazos incontenibles, besos profundos, encuentros serenos... He nacido en algún punto de lo eterno, sin antes ni después, en medio de lo absoluto, como semilla de universos inexplorados. Soy hijo del amor sagrado, de la luz compasiva que amanece las formas, del sonido celeste que puebla de cantos bellísimos lo callado y lo posible. Me expando como la rosa hacia la pureza, me expando como los amantes hacia

Volver al corazón

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Es cierto que buscamos ese camino hacia el ser que somos y deseamos que su luz brille en toda su intensidad, pero no hay que preocuparse, el ser que es eterno nunca ha dejado de brillar... P ara darnos cuenta de esta simple verdad basta con quedarnos quietos, silenciosos, escuchando al corazón... donde mora el ser, donde brilla la verdad más pura. Volver al corazón una y otra vez, al amor, no olvidar que esa es nuestra esencia y que siempre está con nosotros, más allá de lo que hagamos. Entonces el hacer fluye y va solo, no busca nada y sólo encuentra, halla su camino allí donde pise, reconoce la estela a seguir o dónde tumbarse y descansar. Hacer sin hacer... estar siendo, dejándose ser... amando.

Todo es un mismo ser

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La senda del espíritu no conoce de destinos marcados. En el continuo aparecer de los misterios el ser se encuentra consigo mismo, en un incesante reconocimiento de verdades. La vida no ofrece significados fijos, ese es su bello brotar, pero sí certezas, sincronicidades, aparentes ‘causalidades’ llenas de sentido que revelan que somos incluso mucho más que causa-efecto, porque vemos que el ser no está regido por ninguna ley ni por nada que lo pueda limitar. El ser es la libertad, una libertad de la que no sabemos nada, que presentimos ilimitada, que se expresa cada día en la presencia del instante, regalándonos esta existencia que se asiente tan nuestra pero que es del momento, de la fuerza inexplicable y mágica de la vida que todo lo sostiene. Observamos esta senda por la que caminamos inocentes, desde el corazón del ser que nos marca e impulsa el camino, que nos lleva a nosotros mismos, que nos muestra que todo paso es el descubrimiento totalmente nuevo de lo que siempre somos

El hombre del Tao

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El espíritu del valle nunca muere. Tao Te King El corazón señala la ruta del caminante, nada busca en su camino y así encuentra las huellas más verdaderas de sí mismo. Nada hay que conseguir o que ganar... el camino está para emprenderse, confiando en el destino que nos guía tan puntual y claro como el amanecer del sol en la mañana.  El destino, el Tao, el gran camino, no puede dejar nunca de brillar, de ser lo que es, de funcionar tal y como lo hace. Y el hombre del Tao se integra con su proseguir, con su rumbo natural y sigue su estela como nuestra mirada se fija y se detiene inevitable cuando vislumbra la belleza, una melodía nacida del alma o un riachuelo rebosando frescura y trasparente esplendor de agua y pájaros cantores.  El hombre del Tao no tiene un destino, su destino es estar siempre abierto a la verdad natural del ser, al punto donde todo nace antes de todo nacimiento, al centro que comprende todos los centros. El gran camino del Tao nada guarda para sí, so

Totalidad

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¿Quién puede experimentar la totalidad sino la totalidad misma? Tú eres la fuente de toda experiencia, de donde surgen todos los fenómenos. Ellos surgen más allá de la experiencia, en ti, en la totalidad que nunca puede llenarse ni vaciarse.  Tú eres lo absoluto, comprenderlo es ser uno y todo con tu Ser. Esta comprensión es la consecuencia de la experiencia de unión y amor con el Ser.  Esta comprensión innata, este reconocimiento eterno e interno, esta toma de conciencia de tu naturaleza real, te lleva, a través de esa dimensión más allá del tiempo, a ver la totalidad desde la totalidad... a realizar el amor desde el amor mismo. Y no podría ser de otro modo, puesto que el amor de fuera es siempre el amor de dentro.

Mundo y manifestación

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No ha nacido en la quietud nadie que presencie. La presencia está ahí, sin saber nada de ese nadie evaporado en la quietud del ser, o del no ser. No ha nacido el sendero para quien la búsqueda es el encuentro sin tiempo de sí mismo, bañado por la inocencia del instante. Esa conciencia que ve, que escucha, que siente la vida, no tiene nombre. Buscarle una identificación es como poner nombre a la rosa o arrancarla con nuestras propias manos. El aroma, el leve movimiento que el viento imprime en la flor, justo en ese segundo en que es observada, permite que el amor sea sostenido por la belleza espontánea del instante mágico de la presenciación. Nadie estaba frente a la flor, nadie la tocaba, nadie la quiso guardar para sí. La belleza brotaba sola, la vida brotaba sola e impregnaba con su aroma la presencia insólita que es siempre del ahora. Toda la existencia nace siempre ahora, en este preciso momento donde la nada y lo absoluto se funden en el fulgor de su acontecer, en la uni

No dualidad (Advaita Vedanta)

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¿Qué es la no dualidad o advaita vedanta? La conciencia de “yo” a menudo se considera hacedora de sus actos. La principal sabiduría radica en conocer que no hay hacedor alguno, que todo es una manifestación espontánea y perfecta de la conciencia. La conciencia de testigo ve proyectados los fenómenos, entre los que se incluyen los propios actos, el propio cuerpo, como una manifestación más, completamente impersonal. Si atendemos al testigo, a ese espacio que no puede ser tocado, que no es sujeto ni objeto, que no puede nombrarse, que acaso es una cualidad, una chispa de luz que permite la manifestación, nos damos cuenta fácilmente del inmenso misterio y milagro de eso que sucede. Inmediatamente vemos que Brahman, Dios, sucede en el tiempo, ahora, y, como el universo, su orden, estructura, funcionamiento, escaparía a todo entendimiento racional… simplemente está ahí, como un sueño aparece al cerrar los ojos, al dormir, y un mundo a veces incomprensible, ilógico, desafiante con las

Vuelo

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Escuchando al corazón aprendí a volar. -¿Cómo sucedió? Fue el amor, compartiendo su destino con el aire.

Un mismo corazón

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En la no-mente aparece la conciencia sin forma. En ella tiene lugar el encuentro inesperado con la verdad, con el amor... Su presencia es como un suave perfume que huele a eternidad. Su forma sin forma tiene la cualidad de un corazón de luz capaz de iluminar mil y un universos. El misterio de la unidad, del ser absoluto se desvela. Una misma naturaleza, un solo amor... en romance eterno. Un mismo corazón, una misma realidad... por siempre completa.

Amor sin tiempo

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Hoy dejamos descansar en el amor la memoria del tiempo, fuimos libres como estrellas infinitas, iluminadas por el clamor de la luna, enamorada y bella. Fuimos instante sin tiempo  completo de inocencia,  perfecto de voz serena cantando  melodías  de pureza. El blanco cisne de tu alma mora en el corazón de las noches cálidas, dulces aires recogen las alas de tus silencios, ángel de vida profunda. Eres la callada medianoche y los atardeceres misteriosos, el leve perfume enamorando al aire, la blancura absoluta de los astros. Eres el amor sin tiempo, el amor que siempre estuvo, el amor que estremece de ser cierto y no termina de iluminar el universo. El cielo y el sol deslumbran tus senderos de noche despierta y de corazón abierto. Te amo, noche secreta en que aparezco junto a ti, mirada eterna en que crezco al sentirte nacer a cada instante sin tiempo.

ENTRADAS AL AZAR