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Mostrando las entradas etiquetadas como tao

Sereno vacío

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Atento a lo que sucede. Todo es perfecto como es. Todo sucede como debe suceder. Dejo que la vida sea, como el cauce de un río por el que el agua corre. Sin resistencias, sin presentar obstáculos... todo fluye.   En el estado pleno nada quiere llegar a ser lo que no es, pues todo se desarrolla desde su propia naturaleza. Y así, nada lucha con nada. No hay lucha cuando hay paz perfecta en lo que uno es. Solamente acontece el gozo inmenso y humilde de no saber y verse completo en el gran vacío que todo lo acoge.   Esa es la grandeza de lo simple. Vacío que no juzga ni compara, ni que por nada se afana. Sereno vacío que engrandece el alma y la acalla.

El cielo en la tierra

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La tierra se encuentra en el cielo, en el universo. Ya caminamos sobre el cielo y lo tenemos sobre nosotros todo el tiempo. Bajo los pies, sobre la cabeza, en el corazón... El cielo es el espíritu de todo. El cielo es nuestro hogar, nuestro refugio de luz y eternidad, nuestra madre infinita, nuestro padre y maestro verdadero. El cielo está en tu interior y en todo lo que acontece... Todo el tiempo, más allá del tiempo... donde nace y respira la libertad, nuestra más íntima y auténtica libertad, siempre creativa y naciente, sanadora, inocente...

El hombre del Tao

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El espíritu del valle nunca muere. Tao Te King El corazón señala la ruta del caminante, nada busca en su camino y así encuentra las huellas más verdaderas de sí mismo. Nada hay que conseguir o que ganar... el camino está para emprenderse, confiando en el destino que nos guía tan puntual y claro como el amanecer del sol en la mañana.  El destino, el Tao, el gran camino, no puede dejar nunca de brillar, de ser lo que es, de funcionar tal y como lo hace. Y el hombre del Tao se integra con su proseguir, con su rumbo natural y sigue su estela como nuestra mirada se fija y se detiene inevitable cuando vislumbra la belleza, una melodía nacida del alma o un riachuelo rebosando frescura y trasparente esplendor de agua y pájaros cantores.  El hombre del Tao no tiene un destino, su destino es estar siempre abierto a la verdad natural del ser, al punto donde todo nace antes de todo nacimiento, al centro que comprende todos los centros. El gran camino del Tao nada guarda pa...

Mundo y manifestación

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No ha nacido en la quietud nadie que presencie. La presencia está ahí, sin saber nada de ese nadie evaporado en la quietud del ser, o del no ser. No ha nacido el sendero para quien la búsqueda es el encuentro sin tiempo de sí mismo, bañado por la inocencia del instante. Esa conciencia que ve, que escucha, que siente la vida, no tiene nombre. Buscarle una identificación es como poner nombre a la rosa o arrancarla con nuestras propias manos. El aroma, el leve movimiento que el viento imprime en la flor, justo en ese segundo en que es observada, permite que el amor sea sostenido por la belleza espontánea del instante mágico de la presenciación. Nadie estaba frente a la flor, nadie la tocaba, nadie la quiso guardar para sí. La belleza brotaba sola, la vida brotaba sola e impregnaba con su aroma la presencia insólita que es siempre del ahora. Toda la existencia nace siempre ahora, en este preciso momento donde la nada y lo absoluto se funden en el fulgor de su acontecer, en la uni...

Misterio incesante de ser

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Lo que eres es siempre libre, incondicionado. Nunca ha nacido, es fresco, es un misterio que aparece ante nosotros. Y, ante el misterio, queda la sorpresa mística, el abrazo y la rendición absoluta a esa luz que te nombra silenciosamente, que palpita en el amor, en el calor del ser, como raíz que brota de una tierra pura y virgen.  Nada se puede decir del misterio gozoso de ser, pero se conoce, se siente, se saborea, se intuye y se escucha, se comprende, se ve, se huele y se respira... Es tu fragancia la que inspiras, a cada momento, naciendo, refrescándose, renovándose con la vida.  Nunca ha nacido ni podrá morir aquello que es eterno, aquello que no pertenece al tiempo, sino a la realidad. El misterio hace amante del vivir a su testigo, amante hechizado por el susurro íntimo de la luz siempre nueva del silencio creativo, del surgir espontáneo sin segundo, sin tiempo, de amor avivado incesante.

Intuición del ser

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Hay un cambio profundo en el paso de una atención controlada a una atención espontánea, no sujeta, expandida. En los Yoga Sutras, Patanjali formula la posibilidad del conocimiento liberador (tarakajnana) mediante un destello de luz sapiente (pratibah), a través del conocimiento intuitivo. Supone un estado que trasciende los demás, en el que la concentración (dharana), la meditación (dhyana) y la interiorización (samadhi) a partir de su dominio completo (samyama) conducen a un conocimiento de todo en conjunto (sarva), que deviene espontáneo y que medita –por tanto- en atman , el sí mismo, en la verdad plena de vivir “lo que es”. “A partir de ese destello iluminador [pratibah] el yogui lo conoce todo [esto es, al atman ]”, señala Vyasa. Pues atman significa “yo” por encima del ego, conciencia del Sí mismo, no identificación con la individualidad que el “yo” ilusiona, sino experiencia en sí misma, observación entregada y fundida con lo observado. Sin duda que puede el ser entregarse a ...

Vivir el ahora

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Viviendo el momento presente -de forma completa, en plena atención- se logra comprender la eternidad. Cuando sólo hay lo que existe en este momento, nuestra acción se convierte en un no-hacer, en un dejarse llevar, en espontaneidad absoluta. Nos dice el Tao Te King: “Pocas cosas bajo el cielo son tan instructivas como las lecciones del Silencio y tan beneficiosas como los frutos del No-Hacer”. El Tao es el movimiento mismo de las cosas, poniendo la conciencia ahí, sin tratar de mover nada a nuestra manera forzada; y sólo de esta manera es posible fluir con la vida: en la danza espontánea que deviene del instante presenciado en el momento en que sucede, pues no hay otra presencia que el presente. El recuerdo es el camino que toma el olvido una vez que se desvanece el presente culminando su ruta hacia ninguna parte. El recuerdo también es un acto presente que se pone ante nuestros ojos para tomar conciencia de que nada permanece, dejando su huella ser difuminada por el viento del olvid...

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