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Volver al ser

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En circunstancias difíciles, de incertidumbre y de miedo, es más imprescindible que nunca recordar quiénes somos: ese ser inmutable y eterno sin condicionamientos externos.   Cuando la mente se desborda de preocupaciones, temores, ansiedad e incluso desesperación… conviene recordar hasta qué punto somos testigos ecuánimes de ello y optar por no identificarnos ni apegarnos al sufrimiento aparente que la mente proyecta.  Surgen juicios, proyecciones, sensaciones de descontrol, de inseguridad… pero todo ello forma parte de la película de la vida en la que la conciencia, aquello que verdaderamente somos, puede presenciar sin apegarse. La conciencia no niega lo que sucede. Lo vive, lo presencia... No se evade. Pero no ignora al espíritu en pos de la aparente realidad que el ego y el miedo interpretan.  Conviene -por tanto- conectar con el momento presente que, desde el silencio, no sabe nada del mundo, no juzga, no interpreta…  Es una llamada para regresar a ese ser silen...

Meditación en el ser

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Una de las principales causas del sufrimiento es la insatisfacción. Mientras nos identifiquemos con el pensamiento limitante, que es la voz del ego, la mente experimentará miedo e inseguridad. Ese pensamiento limitante se traduce en "yo soy esto o aquello", otorgándole a ser una cualidad determinada y concreta, cuando el estado de ser puro es indeterminado e inconcreto, es uno con la totalidad, con lo absoluto. Y así no hay nada que se le oponga o le reste. Cuando la mente se une con el ser, medita en la realidad de su esencia. Al reconocerse el ser brilla la paz y la dicha en su plenitud, pues se entra en contacto con la auténtica felicidad, aquella que no puede cambiar, aquella que no es impermanente, sino siempre perfecta y plena.

Espiritualidad y vida

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Espiritualidad y vida son una misma realidad. No puede haber vida sin espíritu, ni espíritu sin vida. El amor es el lazo, el camino que unifica, donde la existencia aflora en lo cotidiano y refleja a cada instante una vivencia integrada de plenitud y conciencia. Cielo y tierra, lo sagrado y lo humano, son una misma manifestación del Ser, de nosotros mismos. En esta verdad todo expresa su armonía, todo se expande en infinitas manifestaciones y se concilia a su vez en un canto único y universal. El canto del ser, uno y diverso, común y a su vez genuino en cada forma, hace del alma la expresión de lo cósmico, la melodía de un Corazón que inagotable se manifiesta, alumbrando los instantes, elevando a nuestro ser en comunión de amor con la vida, con nuestra propia esencia. Pues yo soy tú y tú eres yo, y ese reconocimiento profundo, sincero, es la razón eterna, verdadera, de nuestro infinito e incondicional amor.

Presencia plena

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Cuando la mente se desvanece como un suspiro en el tiempo, la eternidad acontece, el no-tiempo, el instante sin lugar, la presencia plena de lo que es. Y entonces, una brisa de amor aparece, un momento de inocencia incapaz de ser atrapado por el lenguaje. Pues es otro lenguaje el que lo nombra: el lenguaje de la belleza, del corazón, de lo sin nombre.  No hay palabras para expresar ese no saber sabiendo, esa trascendencia sublime que nos contiene, ese Ser que somos, que habita en la Verdad desnuda, en el Amor fresco y naciente de nuestra propia esencia.

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