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Hacer sin hacer

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No hay nadie que se apropie de la experiencia... solamente hay aconteceres, momentos de nadie y para nadie, perfectos tal y como son.  Nadie los quiere cambiar, ni mejorar, ni impedir...  Todo es como es, simplemente. Todo es, simplemente. Y esto es la libertad.  Cuando nada ni nadie quieren cambiar nada ni a nadie.  Solamente ser, fluir con la vida, esto es lo único que hay que hacer...  Hacer sin hacer, ser movidos por el espíritu, nuestra esencia, aquella más allá de la mente y que acoge también a la mente.  Aquello que todo lo acoge tal cual, sin juicios ni resistencias, como el espacio del universo acogiendo todo lo existente y, por tanto, siendo la posibilidad creadora, acogedora, de todo cuanto es.  Así es la conciencia, el testigo, la esencia constatable del universo en nosotros mismos.

Abierto a este momento

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¿Dónde te encuentras cuando aparecen los pensamientos? ¿Identificándote con ellos continuamente o consciente de cuanto acontece sin apego? Sin apego. Aquí y ahora. Abierto a este momento. Presente en la aceptación radical de este momento. Ves surgir, ir y venir tu respiración, escuchas, observas, tocas, hueles, saboreas...  Saboreas todo cuanto surge, dejas ir, porque estás aquí presente, más allá de los conceptos mentales, de los objetos de la mente... ellos pasan como troncos flotando en el río, y tú estás en la orilla, no vas tras ellos, eres un testigo que permanece observando, viendo pasar, dejando ir, permitiendo y aceptando la vida.  En ese vacío, en ese continuo desprenderse, hay una presencia vasta, un espacio impersonal sin forma, una receptividad natural y espontánea.

Sentires

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¿Qué dice la voz del corazón?  Esta voz no dice palabras,  dice sentires. ¿Qué dice la voz del no saber? Dice silencios, la respiración  que surge, el oleaje del mar...

Nada por hacer

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Cuando el corazón se expresa a través del ser, la verdad es lo que permanece visible. Entonces, desaparece la ilusión de sentirnos separados de la realidad.  El lenguaje es el amor. La vida es el papel donde se escribe la poesía del corazón. Aquí y ahora el ser vibra en el espacio de su luz consciente. Las sombras se disipan y no hay ya nada que buscar o entender. El silencio es el lenguaje del encuentro con el no tiempo, donde no queda ya nada por hacer, salvo el reconocimiento de la quietud y el vacío como destinos de absoluta plenitud, de amor completo.

Ser uno mismo

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En el camino del silencio, donde el alma puede escucharse, reconozco la vida en su pura esencia, la que este instante me ofrece... No hay más, lo que soy se revela ahora, y todo lo auténtico se expresa para dejarme comprender que todo cuanto quiero no espera mañana, no es un sueño por el que desesperarse embargando el tiempo y la vida. No. Lo eterno se puede respirar en este momento. Ser libre es saberse lleno en la expresión de uno mismo ahora. El amor tampoco será mañana, no hay promesas por las que correr rápidamente alejándonos de nosotros mismos. Yo soy todo lo que puedo ser ahora. Eso es la paz y el amor. Esta es la plenitud que brota dentro. La luz del corazón. Sentirse ahora y reconocerse. Este es el regalo. Qué gran dicha. Pura gratitud.

Sereno vacío

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Atento a lo que sucede. Todo es perfecto como es. Todo sucede como debe suceder. Dejo que la vida sea, como el cauce de un río por el que el agua corre. Sin resistencias, sin presentar obstáculos... todo fluye.   En el estado pleno nada quiere llegar a ser lo que no es, pues todo se desarrolla desde su propia naturaleza. Y así, nada lucha con nada. No hay lucha cuando hay paz perfecta en lo que uno es. Solamente acontece el gozo inmenso y humilde de no saber y verse completo en el gran vacío que todo lo acoge.   Esa es la grandeza de lo simple. Vacío que no juzga ni compara, ni que por nada se afana. Sereno vacío que engrandece el alma y la acalla.

Contemplación

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La luz del ser brilla con claridad serena cuando la presencia del momento carece de identidad. Solamente todo es, sin nadie que vea, sin nadie que escuche... Solo hay ver, escuchar... desde el vacío, desde la no forma que todo lo contiene y se expresa en silenciosa receptividad no limitada. Pura libertad el contemplar de nadie contemplando. Contemplación, nada más. 

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