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Nacimiento

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Estás aquí en este momento. No hay historia, tu historia es ahora. Lo demás no está aquí. Mira este instante sin mirar atrás: porque este ahora es el momento eterno de tu nacimiento.

Amor y libertad

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Amar es ser libre, es la entrega del corazón a la dicha perfecta de la comunión con lo amado. La libertad de ser es tu esencia, aquello que fue siempre contigo, libertad que se sustenta al soltar todo aquello que la oprime, encaminándose a la pureza de su armonía primigenia. Este soltar no es un trabajo, ni un proyecto que dependa del tiempo, porque la libertad es la primera condición de tu estado incondicional y eterno. Liberación significa despojarse de lo estéril, de aquello que sólo añade complejidad, pero lo fundamental es darse cuenta que de lo único que uno se libera es de la ilusión de no ser libre. Por lo que -si lo miramos bien- no hay nada de qué liberarse al ser uno lo que es ahora, lo real que acontece (no hay nada que lleve menos esfuerzo que ser uno mismo en lo que es). Ahí estás tú, el Ser que es conciencia sin tiempo, para gozar de su verdadera naturaleza, siempre viva y presente. Cuando sabes que nada puede tocar lo real -el amor del ser, la libertad y el gozo de la c...

La luz del corazón

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Ver, contemplar, existir en la verdad más sencilla y natural, ese es el ritmo del espíritu sincero, aquel que permanece idéntico a lo que es, a la inabordable expresión de su creatividad sin límites. Identificarse con la mente, con los objetos, con el sujeto, supone dividir, reducir el cerco, mientras que soltar toda identificación, descansar en paz sólo siendo, nos hermana con la conciencia, con aquello despegado de la mente que se muestra espontáneo en el sentir, en la sensación de ser, en la fragancia de lo absoluto tocando lo más intimo, la fibra interna, el corazón, el aire respirado y el susurro de su ritmo, aquel que expresa silencioso el "yo soy" ilimitado, natural, constante y eterno. Ser ahí, en el amor del ser, en la unidad de su conciencia, es conocerse, penetrar el orbe de sus misterios, ubicarse en lo que no tiene lugar, antes de todo principio, antes de todo surgir y de toda continuidad. Inmutable y autoluminoso es el estado sin estado de lo real, aquello que e...

Conciencia y despertar

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Despertar a la conciencia significa ser uno en ella, sin esfuerzo, sin intento, nada más que surgiendo en la más pura espontaneidad del no-principio y del no-fin. No hay tiempo, ni intervalos, ni esperas, ni reposos, para aquello que es eterno, que siempre es y siempre late verdadero, esencial. Vivir de acuerdo a ello es vivir de acuerdo a uno mismo, entregándose a lo natural que nos recorre, a lo vital que nos vive. Ser uno mismo es ser uno con todo y en todo. El principio del amor es la unidad, mirarse y mirar a todo tal que lo íntimo nuestro, tal que un perfil propio sentido, descubierto, abrazado. Aquello que más amamos reposa en el corazón, nos da el latir y la mirada, el gesto y la voz encaminada. Aquello que más amamos es la brújula del corazón y también la geografía que recorrer, el descubrimiento, la aventura del alma hacia sí misma.

Antes de que el mundo surja

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En el momento del no-pensar el tiempo deja de existir. Tanto la mente, como el pensar y el existir, son del tiempo. ¿Hay algo que no pertenezca al tiempo? Claramente sí, el Ser. La pura consciencia, la visión que es presencia cristalina en el ahora. Fíjese qué pasa en el no-pensar, en ese intervalo donde ninguna actividad sucede. Sencillamente, nada pasa, la calma es total, todo es como es. De esos intervalos, como olas de mar, vuelve a surgir el mundo, el pensamiento 'yo' y todos sus agregados, es decir, todo el discurso que hacemos de la vida. Pero en el silencio la vida está completa, nada le falta, pues es esencia de quietud llena. Los fenómenos del mundo surgen, pero el presenciador, una vez que abraza en lazo natural su esencia de amor y silencio, ya no es empujado por los fenómenos, despojado de la identificación con el 'yo erróneo' (que es limitación), al quedar absorbido por la verdad ilimitada de su Ser Real: aquel que siempre es, incluso antes de que el mundo...

La verdad es siempre ahora

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En la búsqueda espiritual suele presentarse la gran dualidad entre el yo-ego (o inferior) y el yo-real (o superior). Es decir, la individualidad cuerpo-mente por un lado y el Espíritu o Dios por el otro: esa esencia impersonal que somos. No obstante, tal dualidad invita a ser trascendida, dándonos cuenta de que todo es un juego de lenguaje, de conceptos. Da igual cómo llamemos a las cosas, porque las cosas están ahí, el problema surge cuando olvidamos las cosas y nos aferramos al nombre que le dimos. Su fragancia ya no está, su realidad manifiesta se pierde, convertimos lo esencial en una pieza yerta de museo. La vida es actualidad constante, manifestación espontánea y, por ello, aquello que somos no puede ponerse en un lugar aparte, disecado y etiquetado, sino que ha de ser albergado a cada momento. Entonces somos verdaderamente libres, porque vamos de la mano con la vida, con la llama del ahora: aquella que brilla en el latir del instante eterno que a cada segundo se revela. La ...

¿Quién soy yo?

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“¿Quién soy yo?” Cada vez que hacemos esta pregunta conectamos con nosotros. Llegar a este conocimiento último, a la respuesta, no requiere de tiempo ni de espacio, no hace falta ir a ningún lugar en concreto ni tampoco pasar por un largo proceso de días, meses o incluso años de aprendizaje. La maravillosa esencia del Ser es que está todo el tiempo contigo, que te acompaña y vive en ti a cada instante, a cada paso que das. Ese ser que buscamos, esa verdad que indagamos para liberarnos de nuestro dolor, preocupaciones y limitaciones, está dentro de nosotros, está más cerca de nosotros que nosotros mismos. Y es, por esta razón, algo exclusivamente vivencial. Cuando hacemos esa pregunta: “¿Quién soy yo?”, puede que la mente, siempre dispuesta a crear y resolver problemas, a recoger ideas, palabras, identidades… quiera responder, pero la mente aparece a ese mismo ser que ya lo es todo, como una ola aparece en el inmenso océano y no por ello esa ola es el océano. La entrada al ser...

ENTRADAS AL AZAR