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Silencios

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En la quietud de los instantes  el silencio se desprende como hojas secas  mientras el viento las mece y acaricia.  El silencio susurra, como la voz del viento,  su misterio y su profundidad,  su espacio sin materia, su eco infinito..

Instante de presencia

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Sólo es necesario un instante para ver nuestra naturaleza real, pues es presente puro, presencia sin sujeto ni objeto. Un instante sin mente, sin cabeza, sin pensamiento. Un instante solamente, más allá de la linealidad del tiempo. Un instante sin principio ni fin. Un instante siendo en un ahora oceánico, desbordante e inmenso, unificador.

La naturaleza real del ser

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La naturaleza real del ser brilla en un no saber inmenso. Se hace presente en lo ilimitado, en el misterio sublime, en lo perplejo... El último peldaño de la sabiduría es como el primero, la inocencia. El último peldaño del saber nos arroja al no saber, y el ser mora ya más allá de una mente o de una razón medible. El ser mora en otro lugar, en otra dimensión, en otro espacio ilimitado, sin fronteras. El ser mora en el corazón, en la dimensión de lo eterno, en el paraíso de los silencios pacíficos y de las simples verdades calladas. El amor susurra como música que mece el alma y la envuelve en el sentir de la esencia inmutable, verdadera. La naturaleza real de uno está siempre con uno mismo, pues es lo que somos. Morar en ella, saber de ella, sentirla, realizarla... es caer en el amor del ser. Y así, sin palabras, el ser se expresa... y respira lo eterno.

Espiritualidad y vida

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Espiritualidad y vida son una misma realidad. No puede haber vida sin espíritu, ni espíritu sin vida. El amor es el lazo, el camino que unifica, donde la existencia aflora en lo cotidiano y refleja a cada instante una vivencia integrada de plenitud y conciencia. Cielo y tierra, lo sagrado y lo humano, son una misma manifestación del Ser, de nosotros mismos. En esta verdad todo expresa su armonía, todo se expande en infinitas manifestaciones y se concilia a su vez en un canto único y universal. El canto del ser, uno y diverso, común y a su vez genuino en cada forma, hace del alma la expresión de lo cósmico, la melodía de un Corazón que inagotable se manifiesta, alumbrando los instantes, elevando a nuestro ser en comunión de amor con la vida, con nuestra propia esencia. Pues yo soy tú y tú eres yo, y ese reconocimiento profundo, sincero, es la razón eterna, verdadera, de nuestro infinito e incondicional amor.

Amor sagrado (Tantra yoga)

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Te entrego un silencio en el instante mágico  una mirada que hable torrentes de amor un océano en mi beso para bañar tu boca y estremecer tu alma Te entrego un corazón sereno que acaricie el tuyo y te ame con latidos infinitos En la caricia y en el aroma el amor se dilata, crece y se alarga entre instantes eternos penetrando a lo sagrado Mi cuerpo se funde con el tuyo creando un solo cuerpo jugando más allá del tiempo y de la mente  mirando a lo divino en la verdad del ser entregado  El olor de los bosques, de la piel, del viento  y del incienso, de los ríos desbordantes... todo es melodía de amantes, de eternidades... Y nuestros cuerpos se rozan, se acarician  en la meditación del tacto y del aroma, en el tantra del corazón profundo  que sabe que dos cuerpos mortales, cuando se aman y vuelan, son avatares y dioses Vídeo-poema:

Presencia plena

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Cuando la mente se desvanece como un suspiro en el tiempo, la eternidad acontece, el no-tiempo, el instante sin lugar, la presencia plena de lo que es. Y entonces, una brisa de amor aparece, un momento de inocencia incapaz de ser atrapado por el lenguaje. Pues es otro lenguaje el que lo nombra: el lenguaje de la belleza, del corazón, de lo sin nombre.  No hay palabras para expresar ese no saber sabiendo, esa trascendencia sublime que nos contiene, ese Ser que somos, que habita en la Verdad desnuda, en el Amor fresco y naciente de nuestra propia esencia.

Crepúsculo

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El corazón contempla paisajes del alma, nubes serenas, canciones  del viento. Llega el crepúsculo... cerrando la luz sus párpados, acariciando la noche al sol en su cita amante con la luna. Parpadean estrellas lejanas, misterios de luz, astros de amor que resuenan... allá en lo hondo de nosotros.

ENTRADAS AL AZAR